Historia de las historietas en España:
Los primeros pasos de la historieta española se remontan al siglo XVIII con la aparición de las primeras aleluyas o auques y con las primeras estampas con estructura de viñetas a mediados del siglo XIX. A principios del siglo XX las revistas ilustradas y todo tipo de semanarios le abren un hueco en sus páginas. La competencia estadounidense marcaba la pauta comercial y las ediciones cortas y únicas de las revistas españolas no podían enfrentarse a las largas tiradas de las cadenas de diarios estadounidenses. Los dibujantes españoles tampoco podían limitar su trabajo a tres o cuatro viñetas al día.
La serie El suero maravilloso de Robledano publicada en 1910 en la revista para niños «Infancia» es considerada la primera historieta española con globos de diálogo.
Después surgirían revistas como Dominguín (1915), Charlot (1916) o TBO (1917) y algunos nombres clásicos de la historieta española como “Pinocho” (1925) o “Pocholo” (1935). La publicación que define este momento por excelencia es “TBO”
En los años 40 y 50 el cómic en España vive su época de Oro y a mediados de los 70 y principios de los 80 experimenta otro significativo boom.
En los primeros años del siglo XX surgen en España las primeras revistas dedicadas al cómic. Algunas de las más conocidas fueron Monos y En Patufet (1904), Infancia (1910), Dominguín (1915) o Charlot (1916).
Sin embargo, ninguna de ellas tuvo el impacto que llegaría a tener la revista que marca el inicio de la historia del tebeo en España: TBO (1917)

DESARROLLO DEL CÓMIC EN LA COMUNIDAD VALENCIANA
Hubo un tiempo donde Valencia era una potente industria del Comic. Un tiempo donde nuestra tierra se codeaba con otras grandes editoriales del país como “Bruguera y TBO”. Sin duda alguna el “El tebeo valenciano o escuela valenciana” fue una generación de autores de cómics que trabajó para editoriales como “Valenciana” o “Maga”, entre otras, así como para la prensa valenciana de la época (Las Provincias o Levante EMV), desde los años de la post-guerra hasta la década de los 60/70/80 del siglo pasado, en la que poco a poco editoriales entraron en crisis hasta perder toda su fuerza.
Así pues, las primeras ilustraciones cómicas valencianas aparecieron a finales de los años 20 en diferentes periódicos
Ya en los años 30, un editor italiano llamado Enrique Guerri Giacomelli abandonaría la publicación de folletines para lanzar diferentes tebeos, siendo uno de ellos “KKO” (1932). Aunque todos los tebeos que se lanzaron ( y algunos de carácter propagandístico) dejaron de publicarse al finalizar la Guerra Civil Española.
A finales de los años cuarenta se consolida una serie de editoriales muy preocupadas por el mercado de la historieta (Bruguera, Editorial Germán Plaza, Editorial Marco, Editorial Valenciana, Ediciones Toray, etc)
En tiempos de post-guerra se reanudó el lanzamiento de diferentes cómics, pero entre ellos destacan “Roberto Alcázar y Pedrín” (1941), de Eduardo Vañó, El Guerrero del Antifaz” (1943), “El Pequeño Luchador” (1945) de Manuel Gago y “La Pandilla de los Siete”(1945) de Miguel Quesada, junto a la revista “Jaimito” (1944), de José Soriano Izquierdo y Antonio Ayné.
El guerrero del antifaz es considerado como una de las mejores obras creadas durante la época dorada de los cómics valencianos.
En este punto destacamos la presencia del cómic en Valencia y La Editorial Valenciana como la representante e influyente del cómic sobre la peninsula junto a las editoriales de Barcelona y una de las más pujantes del mercado del cómic durante la postguerra española, propició el lanzamiento de dos tebeos de gran éxito, El Guerrero del Antifaz (1944), de Gago, y Roberto Alcázar y Pedrín. Este último se publicó desde 1940 en cuadernos de formato apaisado, con una o dos aventuras completas en cada número.
Con argumentos de notable ingenuidad, las aventuras de los héroes protagonistas se desarrollaban en los lugares más alejados y exóticos, donde tenían que perseguir a villanos de todo tipo, desde piratas orientales a bandoleros suramericanos.
Mientras tanto, en el caso de Roberto Alcázar y Pedrín, el dúo protagonista recuerda otros que, como Batman y Robin, responden al mismo esquema héroe-escudero, que tanta fortuna tuvo en el tebeo internacional a partir de los años treinta. Mientras Roberto Alcázar representaba al caballero modélico, protector y casto en el trato con las mujeres, Pedrín era el chico barriobajero, malhablado y propenso a resolver sus problemas a puñetazos.
Ya en la década de los 50, nuevas revistas infantiles aparecieron de mano de Valenciana: “Mariló” (1950) y “Pumby” (1955). Aunque estas no fueron los últimos lanzamientos para el mundo del cómic en Valencia pues en 1951 Manuel Gago (autor del guerrero del antifaz) fundó la editorial Maga pero fueron los hermanos Pedro y Miguel Quesada quienes la afianzaron gracias a “Pacho Dinamita” y “Tony y Anita”.
Desgraciadamente todo tiene su fin y a mediados de los años 60, comenzó a morir como industria el tebeo valenciano. ¿La culpa? Pues fue una suma de varios acontecimientos: Doña María Consuelo Reyna, que se situó al frente de la Delegación en Valencia de la Comisión de Información y Publicaciones Infantiles y Juveniles, aplicó una rigurosa censura a los cuadernos de aventuras locales, sumada a los cambios sociales y la difusión de nuevas formas de ocio, como la televisión, que arruinaron así el mercado de estas historietas, dando lugar por ejemplo a que la editorial Maga dejó de editar en 1966.
La Editorial Valenciana vio, por su parte, como muchos de sus autores empezaron a trabajar para Bruguera desde principios de los años 70.

Manuel Gago (referenciado en la imágen) es una de las figuras más importantes de la Edad de Oro del cómic valenciano a causa del éxito de sus obras y su influencia en autores coetáneos. Además, el autor cuenta con una calle en la ciudad de Valencia para recordar su actividad sobre las influecias de la historietas que produjo en Valencia.
