Argentina, ha sido el país sudamericano donde más se ha difundido el cómic. Las primeras historietas aparecen durante los años 10 del siglo XX, fueron unas tiras de Viruta y Chicharrón (1912) en las que se puede apreciar el convencionalismo de las viñetas, la cual no estaba definida del todo en el tebeo local.

AÑOS 20:
Durante estos años se suceden una serie de trabajos de autores como, Arturo Lanteri (El negro Raúl, 1916; Pancho Talero, 1922), Manuel Redondo (Sarrasqueta, 1924) o Arístides Rechain (La familia de Don Sofanor, 1925) publicados en diferentes medios. Gracias a ellos y a sus discípulos la historieta argentina dará un empuje grande, adentrándose en el mercado con más fuerza.
AÑOS 30:
Sucede la posibilidad de las primeras tiras en color, con bastante influencia estadounidense. Se empezaron a popularizar creaciones de Raúl Ramauge, Bruno Premiani, pero les saca ventaja Dante Quinterno con “ Patoruzú” personaje que gracias a su gran difusión crea una revista independiente.

En el terreno estético, destaca José Luis Salinas, con dibujo realista y dinámico guiándose por la tradición de los ilustradores clásicos, asumiendo el lenguaje secuencial propio del tebeo. Su obra más conocida en esta etapa es Hernán el Corsario (1936).
Leonardo Wadel, un autor de mérito, muy influyente. Tras realizar con Carlos Clemen Kharú, el hombre misterioso (1936), dominará el sector por su atrevimiento y originalidad. Uno de sus colaboradores será Alberto Breccia.
AÑOS 40:
Explosión de revistas: “Aventuras”, “Rico Tipo”, “Patoruzito”, “Intervalo”, etc. Forman parte de la nómina de editoriales como Dante Quinterno, Abril o Codex.
AÑOS 50:
Destacar el guionista Héctor Germán Oesterheld, que abrirá nuevos caminos en las revistas de la editorial Codex y que colaborará con Hugo Pratt en Ray Kitt (1951) y El Sargento Kirk (1952), y con Alberto Breccia en Sherlock Time (1958) y Mort Cinder (1962).
A cargo de Oesterheld se deben cómics como Ticonderoga (1957), Ernie Pike (1957), ilustrados por Hugo Pratt, a los cuales añadirá piezas maestras del arte secuencial, como El Eternauta y Mort Cinder.
Sin duda, la influencia de estos tres maestros del cómic argentino se verá reflejada en los trabajos de otros autores, como Oscar Steimberg que señala la dimensión expresionista que adquiere su obra a partir de los años sesenta.
AÑOS 60:
En el ámbito del humor gráfico, destaca Joaquín Salvador Lavado “Quino”, que trasciende el marco argentino con Mafalda (1964), una tira de notable alcance ideológico, pese a la aparente inocencia de sus protagonistas.

AÑOS 70:
Dibujantes argentinos comienzan a colaborar con publicaciones europeas. En este contexto se inscriben obras como Alack Sinner (1974), de Carlos Sampayo y José Muñoz, publicada en España e Italia.

